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EDITORIAL
ATLÁNTIDA |
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En nuestro país los medios más importantes han tenido una línea de apoyo a los gobiernos de facto, evidenciada sobremanera con la dictadura más reciente. En materia de colaboracionistas con el "Proceso", la Editorial Atlántida se lleva las
palmas. La edición de Gente del 1º de abril de 1976 (días después del golpe) le da la bienvenida a los "salvadores de la patria":
«El pensamiento militar: Moralidad, idoneidad, eficiencia. Sobre estos fundamentos está asentado el Proceso de Reorganización Nacional, que las Fuerzas Armadas desarrollan desde el 24 de marzo, cuando asumieron el poder de la Nación. [...] Ha comenzado, pues, un nuevo ciclo en el desenvolvimiento político, social y económico argentinos. [...] La nueva situación se inaugura, entonces, con los mejores augurios y las más certeras constancias sobre la unidad de las Fuerzas Armadas y la coherencia de su
pensamiento».
Otra nota de ese mismo ejemplar. Copete: "Servicio de Gente para ciudadanos de un nuevo
tiempo"; título: "Todo lo que usted NO debe
hacer"; bajada: "Aquí hay normas claras, precisas, para que usted sepa cómo actuar sin tener problemas. Para ello basta con seguir las normas de la Junta Militar. Lea, aprenda de memoria y, por las dudas,
repase"; un extracto del texto: "NO ofrecer resistencia ostensible o rehusar obediencia a una disposición u orden militar (Pena: hasta cuatro años). [...] NO al revanchismo y a las actividades de los partidos políticos".
Editorial del 7 de abril de 1977: "No podemos salir hacia la democracia, como en otras oportunidades. Cabe una larga etapa de limpieza, de mentes, de espíritus, ideológica. ¿Videla para rato? El presidente dijo que no. Es la respuesta de un hombre sano, equilibrado, digno. Un soldado
cabal".
La revista Somos del 16 de septiembre de 1977 tuvo el orgullo de presentar como columnista al general Adel Vilas, para que cuente sus vivencias en la labor represiva:
«La gran proporción de universitarios enrolados como ideólogos o combatientes en la subversión dentro del país, es una muestra palpable del trabajo de adoctrinamiento que se realizó en esas casas de altos estudios. Esta es la dolorosa y difícil experiencia vivida en la lucha contra la subversión en las universidades de Tucumán y Bahía Blanca. De ello se infiere la importancia futura en la preparación del ser argentino con una clara orientación ideológica. A semejanza de todas las demás, la Universidad de Tucumán padecía de una absoluta autonomía jurídica, legal, política. Esta peligrosa autarquía adecuó el camino a su conversión en la sede teórica y organizativa de la subversión.
[...] Hay que dar batalla en el terreno de la subversión cultural, económica y gremial. Su derrota definitiva se logrará cuando se supere el problema ideológico y se efectúe un control de la inteligencia y la cultura... Más que una lucha por las armas, es una lucha por las almas. Para graficar: se ha podado un árbol y para que no brote en el futuro será necesario quemar la raíz y el tronco de ese árbol.»
Revista Gente, principios de 1978. De un extenso editorial titulado
Carta a un argentino que vive afuera merecen extraerse algunos párrafos:
«Te escribo preocupado. Muy preocupado. Donde vos estás seguramente se ha publicado mucho sobre Argentina en estos tiempos. Mucho de eso es malo y falso.
[...] Por eso esta carta. Y por eso este pedido de que a tus amigos, a tus compañeros de trabajo, a todos los que puedas, les transmitas esta verdad que sólo conocemos a fondo los 26 millones de sobrevivientes de una guerra sucia que justamente cuando comienza a agonizar, revive en el exterior manejada por una propaganda que responde a intereses muy precisos. Algunos caen en el error por ingenuidad. Otros porque sin ingenuidad toman al pie de la letra los slogans y las mentiras con que la subversión en fuga pretende sabotear el proceso. Ahora que estamos en las puertas de un mundial de fútbol, en la preparación de un Congreso Internacional de Cáncer. Ahora que nuestro país en todos los medios económicos y financieros del mundo está siendo elogiado por su recuperación. Sí, ahora comienza la batalla de la mala imagen.
[...] Una realidad difícil [la que estamos
viviendo]. Pero sin fantasías terroríficas con que el mundo quiere hablar de nosotros.»
La revista Para Tí hizo un llamamiento a sus beneméritas lectoras pidiéndoles una singular colaboración bajo el título
Defienda su Argentina:
«Dijo París Match: "La orgía de violencia y el desenfreno de la multitud, tradicional en la Argentina, convierte a cada espectáculo en un motín y aun en una guerra".
Dijo Ornella Vanoni: "La Argentina es un infierno".
Dijo Le Monde: "En la Argentina los chicos no pueden caminar por la calle. En la Argentina se mata a la gente por la calle".
Son sólo algunos ejemplos de los muchos que podrían mencionarse. Son los que sumaron sus voces para condenarnos, para agredirnos a través de una campaña antiargentina. Por esto y en respuesta a esto, hemos reemplazado nuestras fichas de cocina por estas tarjetas postales durante cuatro ediciones de Para Ti. Son para que usted participe. Para que usted conteste personalmente a todos aquellos que nos juzgaron desde lejos y sin conocernos. Y no vamos a ir para atrás en el tiempo. Vamos a mostrarles a la Argentina de hoy, a un país que está empeñado en defender la paz que tanto le costó ganar.
Por eso, estamos seguras de que usted y su familia van a participar de esta propuesta con entusiasmo, con fervor, con el mismo apasionamiento con que el 25 de junio salimos a gritar "Argentina". Y el procedimiento es simple: elija una de las cuatro tarjetas, luego una de las direcciones que damos al pie de esta página. Ponga su nombre y dirección, el nombre y la dirección del destinatario, una estampilla y échela al buzón. Recuerde que su cartero puede venderle los sellos postales que usted necesita.
Defendamos a nuestro país, salgamos también nosotros a hacer nuestra campaña argentina. Que los escritorios de los que nos castigaron se llenen de estas imágenes para que sepan que el pueblo argentino sabe responder con la verdad, con toda la
verdad.»
Entre los destinatarios a quienes había que enviarles las tarjetas figuraban los entonces presidentes Jimmy Carter y Valery Giscard D’Estaing, la cantante Ornella Vanoni, el diario
Le Monde, las revistas Paris Match y
Cambio 16 y la organización humanista Amnesty International. La defensa del país por parte de algunas de nuestras "damas patricias" debió ser importante porque el mencionado diario francés publicó un artículo que comenzaba diciendo:
"Le Monde, así como otros numerosos diarios y semanarios parisinos, recibe desde hace unos quince días numerosas cartas postales provenientes de la Argentina. De un lado, bajo el título «Argentina, toda la verdad», fotografías de niños llevando la bandera nacional azul y blanca, vistas de plazas públicas apacibles, multitudes tranquilas u hombres trabajando. [...] Este diluvio de correspondencia no es espontáneo. [...] A los fines de esta operación, las recetas de cocina habitualmente insertas en
Para Tí -que tiene un tiraje de 110.000 ejemplares- fueron reemplazadas por cartas
postales".
La negación de la realidad alcanzó una de sus cotas más altas durante la guerra de Malvinas.
"Estamos ganando" y "¡Seguimos ganando!" son los títulos en portada de algunos números de la revista
Gente durante ese episodio. Los reportajes gráficos mostraban, por ejemplo, a los marines capturados durante la "recuperación" de las islas como drogadictos, borrachos, homosexuales, vagos y sucios:
"Eran reclutados entre los tres millones de desocupados", "Era imposible controlar sus dudosos hábitos", "Las fuerzas argentinas de recuperación hallaron con sorpresa posters pornográficos y otros elementos"
(?), "El desorden y la suciedad eran las características del cuartel de los marines", "El alcohol y la marihuana eran los más difundidos entre la fuerza de defensa británica". No podían faltar las crónicas de nuestra "victoria": mientras aparecían titulares como
"Ahora están acorralados", "El triunfo es
nuestro". No hace falta recordar
cómo terminó ese nefasto episodio.
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Metrovideo
> Dossiers
> Censura:
De El
Eternauta a La Marca del Deseo |
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HISTORIAS
Hoy
te inflo, mañana te desinflo
Por:
Piglia
Mayo
2006
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Vamos a
desempolvar dos casos de censura que no muchos recuerdan y
veremos cuán fuertemente están relacionados.
Estamos a mediados de 1994. Editorial Atlántida es uno de los propietarios de Telefé, canal que
comienza a emitir la miniserie La Marca del Deseo.
Gerardo Romano, Sandra Ballesteros, ¿van recordando? Por
si no, se trataba de una historia policial con algunas escenas
eróticas, que hoy no llamarían a nadie la atención.
Pero en ese entonces otro era el pensamiento y el canal
decidió levantar la tira antes de emitir el segundo episodio. Durante semanas se
había promocionado la miniserie como "Una historia fuerte, como nunca antes se hizo en la televisión
argentina". De por sí, resultaba bastante extraño que una propuesta de ese tenor hubiera sido realizada por
un canal vinculado a la iglesia y otros grupos
conservadores, entre ellos los mismos directores del Canal
5 de nuestra ciudad.
Fue precisamente el canal de Rosario quien, bajo sugerencia de
la secta ultracatólica Fundación Argentina del Mañana, levantó por su cuenta la tira en la emisión local y pidió a Telefé que hiciera lo mismo a nivel nacional. La
sugerencia era que los canales podían perder auspiciantes ya que
esta asociación religiosa "tiene muchos y muy
importantes contactos".
Días después, en una agachada de antología, Telefé emitió un aviso televisivo y gráfico donde pedía disculpas a su público por haberles mostrado cosas para las que todavía no estaban preparados (quizá cuando crezcan y tengan el intelecto de los directivos de la emisora puedan ver
ese tipo de programas sin que les afecte).
"Nos equivocamos", "No resultó lo que
esperábamos", son las frases de esa publicidad, que parecen
calcadas de una nota editorial escrita años atrás en un
medio de la misma empresa. Porque el arte será muy lindo pero la audiencia y los auspiciantes son intocables...
Viajamos un cuarto de siglo al pasado. Estamos ahora en
mayo de 1969. La revista Gente, el bodrio mayor de
Atlántida, a partir de su número 201 comienza a publicar una remake del clásico de la historieta
nacional El Eternauta. Esta nueva versión de la serie publicada en
Hora Cero Semanal entre 1957 y 1959, estaba escrita por el guionista de la tira original, Héctor Oesterheld, y dibujada por Alberto Breccia.
La historieta, "una isla diferenciada dentro del semanario",
según se lee en el excelente prólogo para la edición en
libro, realizado por la venerable dupla Trillo-Saccomano, presentaba una nueva versión de la historia
(recordemos que se trata de una invasión extraterrestre), encarada ahora con un perfil más adulto, tanto en el dibujo como en el guión. En la historia primigenia los alienígenas invadían completamente el planeta Tierra, pero en esta versión se proponía una notable vuelta de tuerca:
"-Tenemos que irnos. Lejos, muy lejos. Si pudiéramos llegar a la cordillera. Un valle bien aislado... Mientras vos estabas afuera, Juan, volvió a oírse la radio... ¡Estamos en guerra, Juan! ¡La peor guerra que jamás hubo en toda la historia de los seres humanos! Somos como los incas o los aztecas peleando contra los europeos... El enemigo viene de otro sistema solar, han convencido vaya a saber cómo a los Estados Unidos, a Rusia y a las grandes potencias de que la Tierra debe ser compartida con ellos, con los invasores. Los grandes países, para no ser atacados, les entregaron Sudamérica...
-¿Sudamérica?
-Sí, Juan...¡Toda Sudamérica será el territorio de los invasores! Empezaron la conquista atacando con la nevada a las ciudades, es una guerra total, de exterminio.
-Ahora entiendo la no llegada de ayuda... ¡Pero no, no puede ser, Fava! ¡Esto es inconcebible! ¿Cómo los grandes países van a abandonarnos así?
-¿De qué te extrañás, Juan? Si en verdad los grandes países nos tuvieron siempre atados de pies y manos... El invasor eran antes los países explotadores, los grandes consorcios... Sus nevadas mortales eran la miseria, el atraso, nuestros propios pequeños egoísmos manejados desde afuera... Por nuestra propia culpa sufrimos la invasión, Juan. Nuestra culpa es ser débiles, flojos. Por eso nos eligió el invasor. En la manada, el animal enfermo y sin fuerzas es el que atrae al león... ¡El león caza al débil, nunca al fuerte!"
Este diálogo se produjo en el octavo episodio de la tira, y hasta ese momento nada hacía presagiar lo que finalmente sucedió. En el número siguiente de la revista (209) apareció una carta de lectores (según
Trillo y Saccomanno, una "carta" del propio editor) que criticaba las modificaciones de la historieta original:
"He notado que Héctor Oesterheld ha introducido varios cambios en el argumento de la nueva versión, que aparece semanalmente en vuestra publicación. Pero, sin duda, lo más importante es el cambio de dibujante: Alberto Breccia sucedió a Solano López. No voy a negar la calidad artística de los dibujos de Breccia, pero sí es discutible su valor como ilustrador de historieta. Solano López resolvía la cuestión con dibujos claros, diferenciando netamente los personajes y dotando de valor el detalle. Los dibujos de Breccia son confusos, hay cuadros virtualmente inexplicables y los protagonistas se confunden entre sí. Las mujeres, por ejemplo, tienen las tres la misma cara. Sería importante que Breccia dotara a sus ilustraciones de mayor sentido historietístico."
Una editorial que siempre se caracterizó por apoyar la política exterior norteamericana no podía dejar pasar declaraciones como
"Parece que en algunos lados, en Chile, en Brasil, hay algunos focos de resistencia. ¡Pero todavía ni se sabe qué cara tienen los
invasores!". Para no pecar de reaccionarios ni
censores se recurrió al viejo truco de criticar la forma en vez del contenido.
Es más fácil destruir una obra por sus valores estéticos que por sus valores conceptuales. Nadie podría quejarse si la revista levantaba una obra artística por una opinión estética negativa, puesto que el juicio crítico es algo absolutamente
subjetivo. Dicen los autores del prólogo:
"¿Sólo por el dibujo se queja el lector M. Valenzuela, evidente alter ego del editor? ¿O hay otra cosa que molesta, esa sensación de realidad, esa falta de control que evidentemente acosa al idéologo de una publicación cuando un par de autores de talento ocupan en sus páginas un «quiosco» inexpugnable?"
Oculto de la vista de los lectores se desarrollaban los verdaderos acontecimientos. Cuenta Breccia:
"Me llamaron y me dijeron que cambiara el dibujo, que lo hiciera más claro, más comercial. Les contesté que yo dibujaba así y que si a ellos no les gustaba, podían levantar
El Eternauta. Después de todo el editor puede hacer eso, si quiere. Sé que también hablaron con Oesterheld, y a él le pareció mal que la obra quedara trunca. Por eso se ofreció a abreviarla, a meter en dos o tres capítulos más de la mitad de la historia. Así se hizo, mientras seguían publicando cartas en contra de lo que yo estaba haciendo. En el número en que salió el último capítulo, Carlos Fontanarrosa, el director de la revista, hasta se disculpó por haberle dado semejante plato indigesto a los
lectores."
La nota editorial mencionada por Breccia, bajo la volanta de "Carta al lector", se llamó
"Ojos argentinos... y sorprendidos". Fue fechada en Nueva York y firmada por Carlos Fontanarrosa, quien en una parte dice lo siguiente:
"Esto me hizo acordar de dos cosas: la primera, nuestro cine joven o de vanguardia, que juega con la forma, se queda en la superficie, hace maravillas con la cámara, pero no pinta a nadie, no representa sino a pequeños sectores, se solaza con montajes, movimientos de cámara, filmación ejemplar y, atrás, el hueco. Lo de aquí es distinto: antes que nada, detrás de la cámara hay alguien que quiere decir algo, y después viene el hallazgo fotográfico o el juego cinematográfico. Nosotros somos puro juego. Había una segunda cosa que anuncié antes: nosotros, en la revista, teníamos una gran posibilidad con
El Eternauta, una historieta, que como ustedes recuerdan,
«la vimos» y por eso la publicamos. Que me disculpe Breccia, un gran dibujante y diría artista, pero nosotros en nuestra misión de lograr comunicación no debíamos habernos entregado a la forma estética de su dibujo, que por momentos la hizo ininteligible. Aquí también la forma, el adorno, el medio, se convirtió en fin y quedó a mitad de camino nuestra intención.
Me vino a la cabeza esta autocrítica, porque cuando veo una cosa bien hecha, directa, firme, que va al nudo del asunto y abandona florilegios y pequeñeces para llegar, me entusiasma. Eso es tener rigor, verdadero rigor, sea artístico o periodístico. Cuando nos dejamos invadir por contemplaciones secundarias, adiós objetivo"
A la semana siguiente la historieta había desaparecido de la revista. Ocho años más tarde Héctor Oesterheld desapareció y no se supo jamás de su
existencia.
Juntamos ahora este episodio de censura con el de La
Marca del Deseo y encastran perfectamente. En ambas,
la misma empresa responsable, las misma ideología, la
misma complacencia. Pero para terminar de cerrar el nudo
conviene agregar algo no menos importante.
El escrito que anuncia el "no va más" al comic
también revela otras dos incongruencias. En primer lugar, ataca el contenido de una historieta criticando su forma pero cuando en una nota editorial justifica el levantamiento habla de que hay que privilegiar el contenido sobre la
forma. Esta gente demuestra ineptitud hasta para mentir.
En segundo lugar, ¿quién habla de privilegiar contenido sobre forma? Nada menos que el editor de
Gente, una revista que definió un estilo de frivolidad pocas veces igualado: la mayor parte de sus notas
son, desde siempre, entrevistas a sujetos de la farándula, romances y peleas entre la gente
del ambiente, modas y lugares "de onda" en Mar del Plata, Punta del Este y Pinamar ("lo in" y "lo out", lo que está a la moda y lo que ya no lo está), e infinitos "publirreportajes" para que usted, señora lectora, usted que no es "gente como uno" pero desea serlo fervientemente, y si no no compraría esta revista, sepa qué tiene que hacer si quiere subirse al carro de los elegidos: vaya al consultorio del doctor Fulano que lo hizo adelgazar al actor Mengano, use la crema anticelulitis que dejó
divina a la última modelo top, y vaya a comer aunque sea una vez a ese restaurant que es el más "in" de Recoleta.
Todo logro requiere esfuerzo: aquellos que más han logrado (la gente que aparece en
Gente, vamos) lo han hecho a fuerza de sacrificio. Ajeno, pero sacrificio al fin...
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