|
Pantalla
negra. En realidad es una cámara en lo
oscuro. En segundos apreciamos que se
trata de una subjetiva del frente de un
vehículo que retrocede y sale de la
oscuridad del garage. Sigue la subjetiva
pero ahora con el vehículo avanzando por
calles de un barrio residencial; pasa a
calles céntricas, avenidas y autopistas,
en sucesivos fundidos mientras se
despliegan los títulos. Es temprano en la
mañana. No hay música de
apertura, sólo el ruido apagado del motor
del coche y el sonido de su radio.
Desde
el comienzo nos damos cuenta que estamos
ante algo distinto. Al cabo de una
hora y media habremos asistido a
una pequeña obra maestra. Se llama Duel
y este mes se cumplen 35 años de su
estreno.
Para conocer en profundidad el asunto
debemos retroceder en el tiempo aún más.
Es el 22 de noviembre de 1963 y dos amigos
están jugando al golf. Uno de ellos es el
escritor Richard Matheson, autor de las
novelas El Hombre Menguante (The Shrinking
Man, llevada a la pantalla grande como The Incredible Shrinking
Man, 1957) y Soy Leyenda (I Am
Legend, con dos versiones
cinematográficas: The Last Man on
Earth, 1964; y The Omega Man, 1971),
además de numerosos guiones para series televisivas de misterio como
Thriller, La Hora de Alfred Hitchcock
y La Dimensión Desconocida.
Matheson y su compañero escuchan por la
radio una noticia que los
conmociona: el
presidente John Kennedy fue asesinado en
Dallas. Desconcertados,
abandonan el juego y emprenden el regreso
a sus hogares, para lo que deben atravesar
una zona montañosa. En la desierta ruta
de California se cruzan con un camión que
durante un extenso tramo los hostiga con
maniobras peligrosas, obligándolos a
tirarse a la banquina para evitar ser
embestidos.
Recuperado del susto, Richard vuelve a su
actividad habitual, pero a lo largo de los
años va contando la anécdota del camión
con sus conocidos y se va enterando de que
a varios de ellos les ocurrieron hechos
análogos. Esto da para un argumento,
piensa, y escribe el cuento Duel
que es publicado en Playboy de
abril de 1971.
A Matheson le gustaría convertir
esa historia corta en un largometraje pero
ninguno de los productores contactados le
dan mucha esperanza: alegan que no
tiene demasiado sustento como para llenar
una hora y media de película. Sólo la
Universal demuestra algo de interés y
pretende a Gregory Peck en el
protagónico. Como Peck declina la oferta
el estudio decide que lo mejor sería un
filme para televisión. Mientras tanto
Nona Tyson, la asistente de un joven director de
televisión, le lleva la revista Playboy
a su jefe,
un muchacho de apenas 24 años llamado
Steven Spielberg.
Recién cuando el coche llega a la ruta se
abandona la subjetiva. Ahora lo vemos: es
un Plymouth rojo, conducido por un hombre
con gafas de sol. Sigue tranquilamente su
marcha hasta que llega a ponerse detrás
de un camión Peterbilt que viene a marcha lenta y
remolca una cisterna de combustible. El
aspecto de esa mole causa impresión. El
frente es amenazador, el parabrisas está
sucio con barro y no puede verse al
camionero. Posee patentes de todos los
estados (¿trofeos de guerra?) y su
superficie está descolorida, oxidada,
vieja.
Por si fuera poco, echa un
humo por su escape que molesta al
conductor del coche que viene detrás. El
coche lo rebasa y sigue su marcha
tranquila pero al poco rato el camión
vuelve a rebasar al Plymouth y aminora su
marcha para volver a incordiar con su
humo. Algo perturbado por esa maniobra
evidentemente malintencionada el
conductor del coche vuelve a rebasarlo
pero ahora aumenta su velocidad para
evitar que el enigmático camionero
reitere el juego. Como respuesta a su
adelantamiento el chofer del camión
responde con un largo bocinazo. Ese sonido
macabro se repetirá varias veces a lo
largo de la historia.
Más adelante aparece una estación de
servicio y nuestro amigo se detiene a
cargar combustible. En el otro lado del
surtidor estaciona el camión. Su
conductor no baja por el lado del
acompañante, por lo que el chofer del
Plymouth no puede verlo, sólo alcanza a
ver sus botas vaqueras por debajo de la cisterna.
El azorado conductor baja del vehículo e
ingresa al local de la gasolinera para
hacer una llamada.
Aquí nos enteramos que
se llama David Mann, que es un hombre de
negocios, que tiene una esposa (con la que
la noche anterior tuvo una discusión) y
dos hijos, que está viajando para cerrar
un negocio y que promete volver a su hogar
antes de las 18:30 pues vendrá su madre
de visita.
Cuando sale, el camión todavía está
ahí
pero sigue sin poder ver al conductor. El
expendedor le informa que debería
reemplazar la manguera del radiador,
advertencia que David desestima.
Arranca su Plymouth y retoma la ruta. A
poco de andar el camión se le acerca y
vuelve a hacer sonar su claxon. David le
hace señas para que avance y el camión lo rebasa
peligrosamente, para luego aminorar la
marcha. Cuando ahora Mann intenta pasarlo
el camionero le cierra el paso a izquierda
y derecha. En una curva a la derecha el
misterioso conductor saca su brazo y le
hace señas para que se adelante. Cuando
David toma la oportunidad se encuentra con
un vehículo que viene de frente y casi se
estrella. Maniobrando desesperadamente
vuelve a ponerse detrás del camión.
El atribulado hombre de negocios comprende que a partir
de entonces su viaje no tendrá nada de
rutinario ni monótono como otras veces: un desconocido al volante de una máquina
siniestra le ha declarado la guerra... ¡y
recién van 15 minutos de película!
El
joven Spielberg está encantado con la
historia. Cree que esa puede ser la
oportunidad que tanto ha buscado desde que
filmara su primer cortometraje cuando
tenía apenas 13 años. Desde entonces
sólo había hecho filmes caseros (el
título de uno de ellos, Amblin',
lo terminó usando muchos años después
para su productora) y colaboraciones como
asistente de edición en filmes ajenos. Su
primera incursión en la dirección
profesional la tuvo en el mundo de la
televisión, en un episodio de la excelsa Galería
Nocturna (Night Gallery, 1969)
de Rod Serling. De allí pasó a dirigir
algunos pocos episodios de otras series,
siendo el más celebrado de ellos uno para la
no menos genial Columbo, llamado Asesinato por el Libro (Murder by the Book,
1971).
Duel puede ser el gran salto, aún
cuando Universal prefiera hacerla para
televisión, en el ciclo de telefilmes ABC
Movie of the Week, que se emite los
sábados por la noche. Sabiendo que el
estudio está interesado en realizarla,
Steven llama al productor George Eckstein
y le pide una entrevista. No ha leído el
guión que escribió el propio Matheson,
sólo el cuento de la revista.
Concurre a
la reunión llevando el videotape de Murder
by the Book, que aún no ha sido
emitido al aire. Eckstein le da el guión
y a los tres días lo llama confirmándole
el sillón de director. "Fue la
segunda mejor llamada de mi vida, la
primera fue la de Sid Sheinberg para
sacarme de la escuela de cine y
contratarme en Universal; ésta era para
darme mi primer largometraje. Tenía que
demostrar todo lo que sabía",
recuerda Spielberg.
David
no sabe cómo escapar de ese psicópata.
Más adelante ve algo que puede salvarlo:
un corto camino de tierra paralelo a la
ruta. David aprovecha y toma ese atajo
acelerando al máximo. Cuando vuelve a la
ruta, metros más adelante, consigue
sobrepasar al camión. Sigue marchando a
alta velocidad hasta que pierde al camión
de vista. Sólo entonces aminora y
continúa a marcha normal.
Pocos minutos después Mann observa su
espejo retrovisor y contempla azorado
cómo el camión se acerca peligrosamente.
Acelera y el camión se sigue acercando
hasta ponerse a centímetros del Plymouth
y haciendo sonar la estruendosa bocina. La
única explicación posible es que el
motor del Peterbilt ha sido modificado
para alcanzar semejante velocidad. Llegando ambos vehiculos a las 90 millas
por hora (140 Km/h) el camión comienza a
darle topetazos en el paragolpes trasero y
David, aterrorizado, maniobra
violentamente para salir del camino.
Termina chocando contra una cerca mientras
el camión continúa su marcha por la
carretera.
David baja temblando del coche e ingresa
en el restaurant de enfrente, el Chuck's Cafe.
En una única toma se muestra a nuestro
amigo entrando al local, yendo al baño a
lavarse la cara, saliendo y dirigiéndose
a la mesa que está al lado de la ventana.
Pasmado observa... ¡que el camión está
afuera! ¿El asesino será uno de los que
está con él, dentro del restaurant? Un
largo momento de tensión, lleno de
pensamientos de David, quien va
incrementando su paranoia al punto de
tener un incidente con uno de los
comensales, a quien cree equivocadamente
su acosador. Pero no es así; el camión
arranca y Mann sale corriendo tras él,
infructuosamente.
Finalmente sube al Plymouth y retoma
su viaje. A poco de andar se detiene para
ayudar a un transporte escolar
descompuesto en la entrada de un túnel.
Intenta empujarlo y queda atascado al
engancharse ambos paragolpes. Del otro
lado del túnel asoma la siniestra silueta
del camión que se va acercando
peligrosamente. Desesperado, saltando
sobre el capó, consigue destrabar el
coche y escapa antes de la segura
colisión. Ve por el espejo que el camión
se detiene a empujar al transporte escolar
y retoma su marcha alejándose
rapidamente.
Kilómetros más adelante hay un paso a
nivel y detiene el coche. Mientras
está esperando que termine de pasar el
tren siente un golpe brusco en el baúl:
¡el camión está empujando el Plymouth
para que sea arrollado por los vagones!
David frena e incluso intenta poner la
reversa pero el camión lo sigue moviendo
lentamente hacia una muerte segura. Cuando
está cerca del desastre consigue pasar el
último vagón y Mann acelera tirándose
a un costado del camino. El camión pasa y
hace sonar su ténebre bocina.
David
se pone nuevamente en movimiento,
siguiendo al camión a cierta distancia y
no intenta siquiera alcanzarlo. Más
adelante detiene el coche en una extraña
estación de servicio en la que su anciana
dueña cría serpientes y otros animales
del desierto. Mientras la propietaria le
está cargando combustible, Mann se
dirige a una cabina de teléfono e intenta
comunicarse con la policía. No advierte
que el camión ha vuelto sobre su
recorrido y se dirige a toda marcha con la
intención de embestir la cabina. Consigue escapar un segundo antes del
impacto y el camionero sigue dando vueltas
para terminar su misión. Mientras eso
ocurre va rompiendo las jaulas y David
debe escapar también de los animales
venenosos que quedaron sueltos, ante la
desesperación de la anciana.
El Plymouth huye a toda velocidad de la
escena y detrás de él parte el
Peterbilt; como le lleva cierta distancia,
a la vuelta de una curva David se tira a
una banquina cercana a una vía, retrocede
y se esconde detrás de una colina. Al
rato pasa el camión sin dar señales de
haberlo visto. Mann se cree a salvo y
decide esperar por una hora, al menos,
antes de continuar. Así el camionero
seguirá su viaje y estará lo
suficientemente lejos cuando él retome el
camino. Exhausto, finalmente se queda dormido.
Al tiempo es despertado abruptamente por
el macabro sonido del claxon, pero
descubre que es el tren que está pasando
a su lado el causante del ruido. Ríe por
el momento vivido y sabe que ya todo ha
pasado: finalmente podrá llegar a cumplir
su misión de negocios. Pone en marcha el
vehículo y vuelve a la carretera.
No ha hecho apenas unos pocos kilómetros
cuando se ve obligado a frenar
bruscamente: ¡el camión está en la
banquina esperándolo! Se baja del
coche y va caminando hasta el camión, que
está a unos doscientos metros de
distancia. Cuando llega a la mitad del
recorrido el camionero lo mueve más
adelante, dejándolo a la misma distancia
original. David advierte que llegar
caminando hasta el Peterbilt será una
tarea imposible.
En ese momento un nuevo vehículo entra en
escena, un coche antiguo que frena
bruscamente para no chocar con el Plymouth
atravesado en la ruta. Mann se acerca
hacia el coche donde encuentra una
asustada pareja de ancianos. Les pide que
llamen a la policía, los ancianos se
asustan todavía más y el Peterbilt
retrocede a toda marcha para impactar el
coche. David corre hacia la colina y el
auto de los ancianos escapa. El camión
detiene su marcha y avanza hasta ponerse
en el lugar donde estaba segundos antes.
El camionero saca la mano, le hace señas
de que pase. Mann comprende que ha
llegado el momento de la batalla final: a partir de aquí esta road-movie se
convierte en un western.
Sube al Plymouth, se pone por primera vez
el cinturón de seguridad y va avanzando
lentamente hasta ponerse cerca del
camión. Acelera a fondo y consigue
rebasarlo; inmediatamente el Peterbilt
parte detrás de él a toda marcha. Hay
una larga persecución en la que el
camión no le pierde pisada y David
afronta todo tipo de inconvenientes.
Incluso cree estar a salvo cuando divisa a
lo lejos algo que parece ser un patrullero
a un costado del camino, pero cuando se
acerca observa que es un coche que
pertenece a una compañía de
desinfecciones.
Siguen los problemas con sucesivos
desvíos de la ruta principal y hasta un
pequeño accidente que lo termina
lastimando. Sin embargo algo parece
mejorar: Mann le saca una amplia
distancia al Peterbilt porque el camino es
en ascenso y el camión no consigue
mantener la velocidad. Pero al poco tiempo
comienza a salir vapor del motor del
coche: ha sido forzado a lo largo de todo
el día y David recuerda la advertencia
que le hizo el despachante de combustible
sobre cambiar la manguera del radiador.
Mientras el camión se va acercando
paulatinamente, el Plymouth va perdiendo
velocidad hasta que su motor se detiene
por completo.
Apenas impulsado por la inercia, y con el
Peterbilt pisándole los talones, el coche
llega a una curva donde comienza el
descenso. David pone punto muerto y el
Plymouth va ganando velocidad hasta que
pierde el control del vehículo entre
tantas curvas; frenando amortigua el golpe
que se da contra una escarpada ladera.
Cuando el camión está a punto de
golpearlo el automóvil arranca
milagrosamente y escapa por un camino
lateral. La persecución se hace cada vez
más estrecha, ya no hay margen para
errores. A pocos metros más adelante hay
un precipicio y el Plymouth gira y se
detiene, quedando
enfrentado a la tromba que se le avecina.
El duelo ha llegado a su fin.
David coloca su maletín sobre el
acelerador y va llevando el coche hacia el
choque frontal, del que escapa pocos
metros antes saltando del automóvil. El
Plymouth estalla y el humo y el fuego le
impiden ver al camionero cuán cerca está
el barranco. El asesino intenta frenar
pero ya es tarde y ambos transportes caen
al vacío.
Mann se acerca corriendo al barranco y una
mezcla de miedo, impotencia y alegría
contenida se apodera de él. David (un
nombre que no es casual) ha vencido a
Goliat. Sentado al borde del precipicio
contempla sereno su triunfo; a lo
lejos el sol se pierde en el horizonte.
Para el rol de David Mann, Spielberg
tenía una sola persona en su cabeza:
Dennis Weaver. Por entonces era una
estrella ascendente en la televisión y
Steven hizo lobby para que lo contrataran.
Había visualizado en su mente cómo le
gustaría que fuera el final de la
película y la mezcla de emociones que
atravesaban al protagonista cuando
conseguía derrotar a su verdugo. Inmediatamente
recordó la escena del motel de la excelsa
Sed de Mal (Touch of Evil,
Orson Welles, 1958) donde aparecía un
joven Weaver que mostraba súbitos cambios
de ánimo en segundos gracias a una
personalidad esquizofrénica.
Si bien en
el cuento original el camionero se daba a
conocer (su apellido era Keller, en un
juego de palabras que Matheson hace con killer),
Spielberg acertó al respetar la premisa
que había aprendido de Hitchcock,
director al que admiraba fervientemente: el mayor de los
miedos es el miedo a lo desconocido. En
ninguna parte quería mostrar el rostro
del asesino, como así tampoco sus
motivaciones. No se sabe quién es, ni de
dónde vino, ni por qué actúa de esa
manera, ni por qué lo eligió a Mann.
Apenas vemos sus botas en una escena y su
brazo izquierdo en otra.
Hubo que elegir también a los otros dos
protagonistas principales, que no son
humanos pero nadie puede negarles su
soberbia "actuación". Respecto
del vehículo de Mann, Spielberg no era
demasiado pretencioso, debía ser un coche
del común, ni muy caro, ni muy barato, ni
de motor muy potente, algo que podría tener cualquier
consumidor de clase media. El único
requisito del director es que fuera de
color rojo para ofrecer cierto contraste
con el monótono fondo de tierra, rocas y
arbustos. Para
el "villano", en cambio, sí
hubo que hacer un casting entre siete
camiones: ni bien Spielberg vio ese
Peterbilt oxidado, lo
eligió.
El
plan del telefilme era de 375.000 dólares
de presupuesto y diez días de filmación
para 74 minutos de metraje final, que con
los tandas comerciales totalizarían una
hora y media. El rodaje se realizó casi
en su totalidad en la
región de Canyon Country (sur de
California), salvo la escena final rodada
en Agua Dulce Canyon (Arizona). Ni trabajando horas
extra el tiempo alcanzó, por lo que el plan
original se estiró a trece días. A eso
hubo que sumarle otros diez días para la
edición, en la que colaboraron varios
montajistas del estudio para poder
estrenarla a tiempo.
Para filmar con un tiempo tan acotado,
Spielberg había desarrollado un
gigantesco mapa de la región con todas
las escenas de acción y la respectiva
ubicación de las cámaras. De hecho, la
escena de la cabina de teléfono fue
filmada en una sola toma y sin dobles de
riesgo, para lo que hubo que ensayar mucho
y coordinar los tiempos, con sorprendente
éxito: Dennis Weaver consiguió salir de
la cabina justo antes de que el camión la
destruyera. Otra escena muy planeada
fue la del Chuck's Cafe, donde en una toma
única entramos al restaurant,
acompañamos a David al baño, nos
acercamos a la ventana, etcétera. No
había steadycam en ese entonces y se
filmaba con una pesada y ruidosa cámara
portátil,
por lo que el audio íntegro de esas tomas
debió ser doblado.
La toma final del Peterbilt cayendo se
filmó con varias cámaras: había un
único camión e iba a ser destruído en
esa escena, por lo que había que
aprovechar todas las imágenes. Sin
embargo, la mejor toma la consiguió un
solo camarógrafo que pudo seguir al
camión precipitándose en todo su
recorrido. El contraste que ofrece con
la nube de polvo es inmejorable y no fue
necesario incorporar las imágenes de las
cámaras restantes. Lo malo, algo que
afecta al detallista hinchapelotas como
uno, es que algo falló segundos antes de
la caída al vacío. La puerta del
conductor está abierta, de lo que se
deduce que el stunt que conducía el
camión se tiró y la compuerta no se
cerró del todo. Spielberg dice en el
documental del DVD que los técnicos
planificaron esa escena y que nadie
conducía el camión, sino que se manejaba
"solo". Sin embargo, esa puerta
abierta no da esa impresión, pero ya no
había vuelta atrás y no podía
soslayarse ni siquiera en la edición sin
quitarle dramatismo a la toma.
Se estrenó finalmente la noche del
sábado 13 de noviembre de 1971 y tuvo una
discreta repercusión en la audiencia pero
donde más pegó fue en la crítica
especializada que no paró de hablar
maravillas. Tuvo dos nominaciones para los Emmy
(fotografía y edición de sonido, ganando
esta última) y una como
mejor telefilme para los Golden Globe. Universal vio el filón y pensó
en estrenarla en los cines fuera de los
Estados Unidos, pero había dos inconvenientes
principales que denotaban su origen
televisivo: la duración de la película y
los créditos de apertura. Sí, la
versión original no comenzaba con el
vehículo saliendo del garage sino en
plena carretera, un instante antes del
encuentro con el camión.
Spielberg fue convocado nuevamente para la
tarea y fue quien proyectó y dirigió, en dos
días de rodaje, los 16 minutos
complementarios que totalizaban los 90 de
un largometraje convencional. Hubo
también algunos sutiles cambios a lo
largo de la cinta, por ejemplo, el telefilme tenía más
"pensamientos" de Mann (a través
de su voz en off) que la película para
cine. Además de eliminar la mayoría de
ellos también fueron dobladas otras
líneas de diálogo; paradójicamente la
versión televisiva tenía más insultos y
palabras fuertes que la cinematográfica
(ver
La
versión para cine).
Una vez terminada se estrenó en los cines
de varios países europeos en 1973.
Ganó en ese entonces el Gran Premio en la
primera edición del Festival de Cine
Fantástico de Avoriaz, Francia. En abril de 1983 tuvo una reposición
en algunos cines de Estados Unidos y en
Argentina recién pudimos conocerla circa 1987 con el título Reto a Muerte.
Recuerdo que la ví en el cine El Cairo
(donde el cartel rezaba algo como "Si
está por salir a la ruta, piénselo")
y que salí de la sala totalmente
alucinado. Con tan poco (la escasez que le
reprochaban a Matheson) el director había
hecho una película mayúscula. Desde
entonces la habré visto no menos de
veinte veces y siempre descubro cosas
nuevas.
A 35 años de su estreno, Duel
sigue siendo una obra maestra difícil de
empardar, y es a su vez la ópera prima de
uno de los mayores genios del cine
contemporáneo. Después de verla, manejar solo en una ruta
abandonada nunca volverá a ser lo mismo...
|