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MENOS
MAL |
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Leemos
en el blog Apóstrofe
una entrevista a Lucrecia Martel, de paso por nuestra
ciudad:
«Y enseguida pasamos a la versión de
El Etarnauta (sic) que iba a filmar. "¿Sabés que no la voy a
hacer?", dice. No, no lo sabía. Martel me dice:
"No, porque no llegué a un arreglo con los productores, incluso antes de que les dijera nada de lo que estaba haciendo. Es un problema de
contrato" [...]
Pero ya tenías tu versión de El Eternauta toda pensada.
Sí, estaba escrito casi todo. No creo que nadie vaya a retomar lo que estaba haciendo, pero el camino que tomé de la adaptación y lo que hice me encanta. Aparte, era la primera vez que hacía algo de este estilo. Porque me parece que lo interesante de
El Eternauta (y esto un poco a contrapelo de lo que piensa el fanático), no es sólo que tenga la capacidad de hacer una lectura del momento o las cosas que por ahí forzadamente se intentan ver en
El Eternauta, cuestiones anticipatorias de la dictadura, por ejemplo. A mí me suena más el análisis que lo relaciona con un intento
(aparte la historieta es del 57) de ver una acción mancomunada entre el ejército y el pueblo.
Es como el sueño montonero.
Sí, y no tanto una anticipación de la dictadura. Me parece que eso es una lectura a posteriori, incluso del mismo autor. Lo que me parecía interesante era que esa obra ha marcado la adolescencia de muchos de nosotros, sobre todo de los varones, porque pocas mujeres leímos eso en la adolescencia, y es señera incluso en la posibilidad de reconocer lo fantástico en la propia ciudad de uno. Y me parecía que, como en toda obra poderosa, lo que estaba bueno era no intentar hacer el homenaje cinematográfico al Eternauta, sino a partir de ahí volver a pensar en torno a esa civilización que desea instalarse, o enriquecerse, y pensar en ese conflicto y en cuál era la determinación de los ciudadanos. Me gustaba la idea de tener que reelaborar el concepto de
enemigo.»
Mucho puede escribirse acerca de El Eternauta
original y de cómo se fueron politizando sus remakes y
secuelas. Lo cierto es que, sin dejar de lado el mensaje
ideológico, el primer Eternauta, el que es reconocido
como tal por los miles de lectores, está muy lejos de ser
"el sueño montonero" que pretendía la
directora.
Aunque sea por un problema de contrato y no por
diferencias conceptuales es un acierto enorme por parte de
los productores que la película no haya terminado en
manos de Martel.
Gracias, Kramer. Gracias, Sigman. Gracias a Dios.
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> Diciembre
2009 |
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De
YouTube a Hollywood
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El
primer caso de este tipo puede haber sido
el de Robert Rodriguez con El Mariachi
(1992), opus que, según la leyenda,
costó sólo siete mil dólares y
consiguió abrirle las puertas de
Hollywood al entonces novel director, hoy
un encumbrado hombre de la meca del cine.
No es menos significativo el hecho de que
una vez instalado allá hizo una remake (La
Balada del Pistolero) de su propia
obra pero a gran escala, con un
presupuesto "algo" mayor a siete
lucas verdes y con estrellas
internacionales y hasta una secuela (Érase
una Vez en México). El resto de la
historia de Rodriguez es de sobras
conocido.
No debe soslayarse que lo del mexicano
tuvo un mérito doble ya que no contaba
con la ayuda de internet, factor del que
sí se aprovecharon posteriores éxitos
"repentinos" como El Proyecto
Blair Witch o el estreno de este mes Actividad
Paranormal. Pero estos casos no tienen
una relación directa con el fenómeno que
nos ocupa ya que el uso de la red tuvo
más que ver con la difusión de una
película terminada que con la génesis de
un proyecto. Llegamos sí al caso más
cercano, el del sudafricano Neill Blomkamp
con su cortometraje de seis minutos Alive
in Joburg. A este director de avisos
publicitarios le llegó su momento de
gloria gracias a la excelente repercusión
que tuvo la difusión del corto por
YouTube. En Hollywood están hambrientos
de ideas que rindan en la taquilla y hacen
la relación "éxito internet =
éxito cine". Llamaron a Blomkamp, le
dieron treinta millones de dólares y el
resultado fue la no menos notable Sector
9.
Tal vez demasiado inspirado en el caso del
sudafricano el joven director uruguayo
Federico Alvarez emprendió la aventura de
hacer algo directamente enfocado a
conseguir el mismo impacto con el corto Ataque
de Pánico. Y lo consiguió. Con una
similar temática a la de Alive
in Joburg
y una tecnología visual que no tiene nada
que envidiarle, el punto más flojo está
en la historia misma: la invasión
extraterrestre termina con una gigantesca
explosión y... ¿y? ¿Y la anécdota? No
importa, signo de los tiempos: mucho FX,
argumento casi inexistente, repercusión
altísima en YouTube gracias a las
millones de visitas.
Es como un virus, el asunto prende y se
replica ad infinitum. Resultado:
Alvarez comienza a recibir mails de Dreamworks, Universal, Fox y Sony,
invitandolo a seguir el camino de
Blomkamp. Mientras el uruguayo se decide
entre una propuesta u otra llega la bomba.
Ghost House, la productora de Sam Raimi
hace una oferta, como diría Corleone,
imposible de rechazar: treinta y cinco
millones de dólares para llevar Ataque
de Pánico
a la pantalla grande. Se filmará en
Uruguay y Argentina (aunque aún no se
sabe si estará ambientada acá o en
Estados Unidos) y "sin robots pero
con una invasión alienígena como nunca se vio hasta ahora".
La obra original consigue una mística
superior a la de El Mariachi pues
Alvarez declaró haber invertido sólo
trescientos dólares para pagarles a los
extras. Al verla se nota tanto que su
técnica es irreprochable como que es muy
dudoso que el costo de producción haya
sido tan exiguo. De todas maneras, gol,
golazo de Alvarez. El pibe llegó. Hizo lo
que a muchos les lleva años y la mayoría
muere en el intento. Gol de arco a arco a
los veinte segundos de empezado el
partido. Eso sí, para que el triunfo sea
completo, bregamos para que en el largo de
Ataque
de Pánico
aparezca la trama que aún se nos debe.
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