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UN
CUMULO DE DESPROPOSITOS |
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» Los volantes donde figuraba el programa completo
no estuvieron disponibles sino hasta recién la noche de
comienzo del festival. Según dijeron, "todavía no
llegaron de Capital". Debe ser gran negocio poner una
imprenta en Mardel, porque ¡se ve que no hay! ¿Por qué
mandar imprimir a Buenos Aires? Y en el caso de que
hubiere una razón válida, ¿cómo van a llegar horas
antes del inicio, cuando deberían hacerlo una semana
antes, por lo menos?
» Eso que llegó tarde, además, fue una
vergüenza: unos folletitos de mierda que no resistirían
el más básico examen de diseño editorial. Aunque suene
un poco técnico todos podrán entender esto: la caja de
impresión prácticamente no tenía márgenes por lo que
cuando se guillotinaron estos panfletos mucha información
se perdió. Gracias a los cortes en cada página faltaban
dos películas. ¡Paulino Tato not dead!
» La mentada ceremonia de apertura incluía el
"desfile de estrellas" por una larguísima
pasarela frente al auditorio. Suena muy hollywoodense y
nos encanta copiar esas cosas que nos dan aires tan
internacionales. Ahora, si lo vamos a copiar, copiémoslo
bien. Allá no demoran más de tres horas (sí, tres
horas, señor, señora) con el público asistente bajo la
intermitente lluvia viendo pasar las cinco estrellas y los
cientos de estrellados. La primera
persona en ingresar lo hizo a las 19:30 (estaba programado el
comienzo a las 19:00) y los últimos lo hicieron cuando ya
eran casi las 23:00.
» En intervalos demasiado prolongados pasaban algunos figurones,
periodistejos, intelectualoides y recién allá a lo lejos
alguien realmente importante. Demasiados "muertos
vivos": actores y actrices de pésima calidad que
hace añares afortunadamente no sabemos nada de ellos.
Demasiados "¿y a éste como lo invitaron?":
Graciela Alfano y su mascota Matías, Adriana Aguirre y
"El Marido de Adriana Aguirre" (ese debe ser su
nombre) y otros en esa línea que fueron ajusticiados por
la masa con rechiflas e insultos de toda laya. Demasiada
politiquería de cuarta, alguna "diputada que fue actriz
y
no se sabe dónde ejerció menos daño", algún Ministro
de Inseguridad que fue intensamente abucheado. Demasiada
diva o "diboluda" que se quería hacer notar a
toda costa. ¿Y las estrellas para cuando?
» Pasadas las pocas estrellas locales (Darín y
unos pocos más) recién al final apareció lo bueno: Tim
Robbins y Susan Sarandon, quienes dieron cátedra de cómo
ser una verdadera celebridad. Llegaron con la mejor onda,
saludaron a toda la gente que pudieron, firmaron
autógrafos, se sacaron fotos (de más está decir que
todo se volvió un pandemonium). A diferencia de tantos
penosos actorzuelos locales (la mayoría de la
"Pol-Ka Factory"), quienes ya se creen Brando
redivivos, lo que les da motivo, aparentemente, para pasar
por la pasarela con aire displiscente y casi sobrando a la
populosa afición que resistía firme los embates del
clima y todas estas torturas, las verdaderas megaestrellas
tuvieron los mayores actos de humildad, sincero afecto y
compromiso con el público. ¡Cuánto falta aprender!
» Para el día siguiente, por la mañana, estaban programadas las "clases
magistrales". Los horarios fueron cambiados sobre la
marcha, primero pasados al mediodía, luego vueltos a
pasar a media mañana pero en orden invertido, ya a esa
altura nada extrañaba. De todas maneras todo el mundo
hubo de hacer cola, excepto los figurones anteriormente
mencionados. Tras larga espera (dos horas bajo el sol que
llamaba a la playa y no a encerrarse en un salón)
entramos con mi mujer al Hermitage y pudimos conseguir asiento. Y algo
que ocurre solamente acá: siguió entrando gente aún
cuando las plazas estuvieran cubiertas. En nombre de la
consigna "todos tienen derecho a presenciarlo"
(ya nos había pasado con un recital gratuito de Luis
Salinas) se atestó la sala de público de pie, en los
laterales y atrás, lo que volvía todo dificultoso, desde
conseguir silencio hasta respirar. Eso no es democracia,
eso es fascismo disfrazado, pues a quien se comió dos o
tres horas de cola y pudo conseguir asiento se lo obliga a
"igualarse" (para abajo) con quien pasó
caminando por la vereda del hotel y entró sin más
trámite, con el único defecto de no estar sentado, pero
perjudicando en semejante multitud a los que tuvieron que
esperar largamente bajo el sol impiadoso. Reitero:
¡cuánto falta aprender!
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2006 |
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La
fiesta olvidable
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El diario siempre nos depara sorpresas, generalmente cargadas de patetismo: Argentina
quiere postularse como sede compartida con Chile para la
Copa Mundial de Fútbol de 2010, en un remedo de la sociedad Japón-Corea de la última edición. Organizar un evento de esa índole es carísimo y sería menos oneroso hacerlo "a medias". Pero la compañía se borró pues nuestros vecinos no quieren juntarse con nosotros para esa clase de negocios. ¿Por qué será?
Si alguno aún no lo sabe, se lo explico: los argentinos no podemos organizar ningún evento de cierta magnitud con un mínimo de seriedad, respeto y dignidad. A fines de 2004
fui "congresista" (ampuloso pero literal título
de la credencial) del evento más importante de la historia de Rosario: el III Congreso Internacional de la Lengua Española.
Sería absurdo no rescatar el por demás encomiable logro
de esa cumbre de la
cultura. Pero igual de necio sería soslayar los gruesísimos
"errores" cometidos. Desde el desplante
presidencial a todos los asistentes a la ceremonia de
apertura (115 minutos de demora) hasta los innumerables
defectos técnicos y organizativos. Micrófonos y
pantallas que no andaban y no había repuesto a mano,
permanentes e insoportables retrasos (no hubo nada que
comenzara a horario), la aparición de los infaltables
"dedocráticos", y una larguísima retahíla
de despropósitos que sería tedioso enumerar. La mayoría
de estos problemas se soluciona sin necesidad de inversiones onerosas sino
aplicando tres factores que no abundan por estas tierras:
voluntad, idoneidad y responsabilidad.
Escribo esto recién llegado de Mar del Plata, donde me
tocó asistir a otro desastre "made in
Argentina". Reitero, no soy necio como para pretender
la ausencia de toda fisura en un evento, pues hasta en el más
organizado y producido, algo "puede
fallar", como decía el recordado Tu Sam Sr. Pero
también reitero que cuando prolifera semejante desidia e
inoperancia es
imposible organizar ni el más simple de los congresos...
¡No hablemos de un Juego Olímpico o un
Mundial de Fútbol (nos postulamos para ambos, nos
enganchamos en todas), que son acontecimientos que requieren
años de preparación y millones de pesos de inversión!
Todavía estamos pagando lo que nos costó, en todo
sentido, el Mundial de 1978, del que ya nos vamos a
ocupar.
El evento de marras fue el incombustible (cada vez menos)
Festival Internacional de Cine. Y aquí surge un tema interesante que por su amplitud quedará
para otra nota: la
relación de la "Ciudad Feliz"
con el cine. Volviendo a esta edición
del festival, la huella argenta se hizo notar... ¡y
cómo! (Ver Un
cúmulo...).
Cabe destacar que, en las clases
magistrales, las brillantes intervenciones (por separado)
de la pareja de talentosos actores americanos estuvieron
opacadas por dos tsunamis del Atlántico. El primero fue
la traducción, a cargo de dos intérpretes que se pisaban
entre sí, una que no entendía nada y traducía cualquier
cosa, y la otra que vivía corrigiéndola y dejándola
cada vez más en evidencia, al punto que se volvió
insoportable. Andrea Prodan, "hermano de", actor
y director, y amigo de la pareja trataba de timonear el
barco con brazo firme pero el naufragio era inminente pues
apareció el segundo tsunami: las preguntas del público.
Decir que todos preguntaron boludeces sería falso... fue
sólo el 95% de las preguntas. En afán de lucirse, o
querer demostrar sabiduría sobre las carreras de ambos o
hasta el conocimiento de idiomas (¡muchos preguntaron en
inglés!) lo único que se escuchaba era una pavada atrás
de otra, desde el impresentable Lafauci hasta el más
ignoto periodistejo, desde la patética Alfano hasta la
estudiante de actuación que quería que le dieran la
opinión sobre la obrita que estaba preparando (¿¿¿A
quién carajo le importa??? ¡¡¡A los espectadores nada,
y a dos gigantes del séptimo arte, menos que nada!!!). Y
como broche de estiércol, la "diputada que fue actriz
y
no se sabe dónde ejerció menos daño", con su
habitual incontinencia verbal y cara de amianto, exhibió
su no menos célebre campaña de fundamentalismo típica de las despechadas, totalmente fuera de
lugar. Semejante clima hostil hizo que ambos, por
separado, se cansaran rápidamente y la ceremonia llegó a
su fin. Los que sentíamos vergüenza ajena por todo lo
que vivimos, agradecidos.
Luego vino el primer día de asistencia a películas.
Estamos en la cola del Auditorio (el salón principal del
festival) y de repente todo se detiene. ¿Qué pasa? Se
cayó el sistema (este es el país del "sistema
caído"; debería ser símbolo nacional: himno,
bandera, escarapela y sistema caído). No hay forma de
arreglarlo, hay 1 (una) sola computadora (reitero que ese
era el salón principal), algunos técnicos que van y
vienen, prueban, tocan, se van de nuevo, vuelven, tocan
algo y miran con cara de "¿qué habrá
pasado?". Media hora después, todo sigue igual.
Nadie informa nada, la cola ya se hizo gigantesca y no hay
solución a la vista. Nos vamos. Nunca supimos si esa
película llegó a exhibirse.
Un día antes de volvernos se exhibía la
única que realmente nos interesaba ver: La Marcha de
los Pingüinos. Se daba en el cine Ambassador, a dos
cuadras de nuestro hotel, y se había informado que las
entradas a la venta serían sólo las del día de la
película y en el cine en que se proyectaría. Excelente
medida para evitar que alguien saque de una sola vez
entradas para muchas películas, con lo cual se agotarían
rápidamente. Confiados en esto, ese día y en ese cine,
nos pusimos a hacer cola junto a decenas que pugnaban por
un asiento para La Marcha... Hete aquí que no
había más localidades para esa película... rarísimo
pues nuestro lugar en la cola nos daba derecho al ingreso. Pero
hete aquí que no había más localidades desde el día
anterior... ¡¿Cómo?! ¿Y lo de la medida para
evitar...?
-No sé, señor, no estamos informadas de eso. ¿Quiere
para otra película?
-¡No me interesa otra, acá viven cambiando la bocha!
¡Al menos tengan la decencia de poner un cartelito en el
vidrio para evitarme toda esta pérdida de tiempo en la
cola!
Ya a esa altura las muestras de fastidio de los que se
iban enterando hacía temer por la integridad de las que
"no estaban informadas".
Vuelta rápida al hotel. Playa para
digerir tanto trago amargo. Al día
siguiente, partida. Unos minutos después
la ciudad se va perdiendo de la vista.
Corte.
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